I
Hay una escena en
la película Escape del planeta de los
simios (1971) de Don Taylor, en el que Cornelius, el simio y también
arqueólogo de profesión, se encuentra espectando una pelea de Box (llevado por
sus protegidos humanos para que se “divierta”), y ante los golpes que se
infringen los boxeadores, el simio se muestra muy desconcertado por un espectáculo que le resulta tan desagradable. La expresión del simio
es como si se preguntará ¿por qué a los humanos les gusta ver golpearse unos a los otros?
O, el espectador, medianamente atento, podría interrogarse frente a la reacción
del simio si ¿ese espectáculo tan sádico acaso no aproxima al hombre a la
animalidad? Pero si se repara bien en el asunto, lo que caracteriza a nuestra
especie es hacer de la agresión un espectáculo.
II
Nuestra especie es
agresiva y hasta cierto punto sádica. Y con eso no me refiero sólo a las
guerras que han hecho posible la civilización en la historia de la humanidad,
sino a algo más orgánico, a saber, la sexualidad. Los límites a los que puede
llegar la práctica de la sexualidad humana es una muestra palpable que el
sadismo forma parte del hedonismo por
otros medios. Por eso no hay nada más reaccionario que acentuar el hedonismo
como si fuera una actitud rebelde ante la vida. La rebeldía no es la implosión
del individuo que el liberalismo ha degenerado en vicio sino la afirmación de
la vida como un hecho cultural represivo y necesario.
III
Hay una máxima
latina muy conocida, a saber, “primun
vivere deinde philosophari” (primero vive y luego filosofa) cuya intención
es fustigar la actitud contemplativa de ciertos filósofos. Pero si uno repara
en cierto detalle, tal máxima debe ser invertida porque la reproducción del
mundo permite una serie de relaciones invertidas. Es decir, hay una exigencia
por vivir al límite de la materialidad debido a que el fetichismo de la
mercancía que articula todas las relaciones sociales del mundo contemporáneo
tiende a exacerbar los deseos y las pasiones hasta sus límites inimaginables. Ese
fetichismo produce la ideología que lo anima. Precisamente cuando tales sujetos
increpan que “hay que tener los pies sobre la tierra”, tal delación responde en
el fondo a lo que ellos “hacen con las manos”.
IV
Asimismo se acentúa
una vieja sentencia de Berkeley “esse est percipi aut percipere” (algo existe
sólo cuando es percibido). Empero, la exposición a través de los medios audiovisuales es una muestra palpable de que
la percepción de la imagen muchas veces se opone al mundo real, porque ahora
pareciera que la existencia de las cosas se fundamenta en función del goce
vouyerista. Todos pueden ver lo que hacen los demás, sólo es cuestión de que
uno se encuentre conectado a las redes sociales. No hay manera más sutil de
deshumanizar al hombre que teniéndolo preso de la imagen. Si antaño la
televisión mereció el calificativo de ser una “caja boba”, de seguro las redes
sociales (como por ejemplo el facebook) merecen otros epítetos al respecto,
porque acentúa no sólo el espectáculo sino también el narcisismo.
V
Si la muerte
expresa fielmente la vida de uno mismo, es decir, que si hay muchas maneras de
morir, ya sea por mano ajena, por accidente, deceso natural, enfermedad o por
la mano de uno mismo (el suicidio), hay muchas maneras de vivir. Pero ¿cómo se
vive? En el mundo contemporáneo la idea de la autenticidad es un llamado de
atención sobre la existencia frente a la mercancía. Es indudable que la vida
humana se encuentra sujeta a cierta regulación institucional y a la necesidad
de satisfacer cierta normatividad, pero no por ello lo auténtico es romper con
todo ello, sino todo lo contrario, la autenticidad radica en afirmar la vida
social sin remordimientos y sin berrinches egotistas.
VI
No hay nada más
falso que creer que el hombre es libre por naturaleza. La ideología de la
libertad ha permeado tanto en la vida contemporánea que al parecer anima
procazmente la existencia de seres egotistas y narcisistas. Y más aún,
frecuentemente la libertad se confunde con el deseo, de ahí al escapismo hay
sólo un paso. No caben dudas que el irracionalismo ha sido aceptado mediante la
celebración orgánica de la volición que muchos acentúan como si fuera un acto
de libertad.
VII
El escepticismo que
genera cierto tedio por la vida no es signo de reflexión o de apertura al pensamiento
libre, como trilladamente uno suele escuchar, sino signo de un gran egotismo. Asimismo,
una forma de ser tolerante no es el respetar las ideas ajenas y distintas a las
nuestras, sino la manera de actuar hipócritamente en público ante la censura mediática
de aquellos que tienen alma de inquisidores.
Juan Archi Orihuela
Miércoles, 06 de
agosto del 2014.
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