El contenido del blog comprende una serie de escritos sueltos, opiniones personales y demás notas que forman parte de la escritura como una necesidad humana y subjetiva.

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miércoles, 6 de agosto de 2014

Misceláneas


I

Hay una escena en la película Escape del planeta de los simios (1971) de Don Taylor, en el que Cornelius, el simio y también arqueólogo de profesión, se encuentra espectando una pelea de Box (llevado por sus protegidos humanos para que se “divierta”), y ante los golpes que se infringen los boxeadores, el simio se muestra muy desconcertado por un  espectáculo que le resulta tan desagradable. La expresión del simio es como si se preguntará ¿por qué a los humanos les gusta ver golpearse unos a los otros? O, el espectador, medianamente atento, podría interrogarse frente a la reacción del simio si ¿ese espectáculo tan sádico acaso no aproxima al hombre a la animalidad? Pero si se repara bien en el asunto, lo que caracteriza a nuestra especie es hacer de la agresión un espectáculo.

II

Nuestra especie es agresiva y hasta cierto punto sádica. Y con eso no me refiero sólo a las guerras que han hecho posible la civilización en la historia de la humanidad, sino a algo más orgánico, a saber, la sexualidad. Los límites a los que puede llegar la práctica de la sexualidad humana es una muestra palpable que el sadismo forma  parte del hedonismo por otros medios. Por eso no hay nada más reaccionario que acentuar el hedonismo como si fuera una actitud rebelde ante la vida. La rebeldía no es la implosión del individuo que el liberalismo ha degenerado en vicio sino la afirmación de la vida como un hecho cultural represivo y necesario.

III

Hay una máxima latina muy conocida, a saber, “primun vivere deinde philosophari” (primero vive y luego filosofa) cuya intención es fustigar la actitud contemplativa de ciertos filósofos. Pero si uno repara en cierto detalle, tal máxima debe ser invertida porque la reproducción del mundo permite una serie de relaciones invertidas. Es decir, hay una exigencia por vivir al límite de la materialidad debido a que el fetichismo de la mercancía que articula todas las relaciones sociales del mundo contemporáneo tiende a exacerbar los deseos y las pasiones hasta sus límites inimaginables. Ese fetichismo produce la ideología que lo anima. Precisamente cuando tales sujetos increpan que “hay que tener los pies sobre la tierra”, tal delación responde en el fondo a lo que ellos “hacen con las manos”.  

IV

Asimismo se acentúa una vieja sentencia de Berkeley “esse est percipi aut percipere” (algo existe sólo cuando es percibido). Empero, la exposición a través de los medios  audiovisuales es una muestra palpable de que la percepción de la imagen muchas veces se opone al mundo real, porque ahora pareciera que la existencia de las cosas se fundamenta en función del goce vouyerista. Todos pueden ver lo que hacen los demás, sólo es cuestión de que uno se encuentre conectado a las redes sociales. No hay manera más sutil de deshumanizar al hombre que teniéndolo preso de la imagen. Si antaño la televisión mereció el calificativo de ser una “caja boba”, de seguro las redes sociales (como por ejemplo el facebook) merecen otros epítetos al respecto, porque acentúa no sólo el espectáculo sino también el narcisismo.


V

Si la muerte expresa fielmente la vida de uno mismo, es decir, que si hay muchas maneras de morir, ya sea por mano ajena, por accidente, deceso natural, enfermedad o por la mano de uno mismo (el suicidio), hay muchas maneras de vivir. Pero ¿cómo se vive? En el mundo contemporáneo la idea de la autenticidad es un llamado de atención sobre la existencia frente a la mercancía. Es indudable que la vida humana se encuentra sujeta a cierta regulación institucional y a la necesidad de satisfacer cierta normatividad, pero no por ello lo auténtico es romper con todo ello, sino todo lo contrario, la autenticidad radica en afirmar la vida social sin remordimientos y sin berrinches egotistas.

VI

No hay nada más falso que creer que el hombre es libre por naturaleza. La ideología de la libertad ha permeado tanto en la vida contemporánea que al parecer anima procazmente la existencia de seres egotistas y narcisistas. Y más aún, frecuentemente la libertad se confunde con el deseo, de ahí al escapismo hay sólo un paso. No caben dudas que el irracionalismo ha sido aceptado mediante la celebración orgánica de la volición que muchos acentúan como si fuera un acto de libertad.


VII

El escepticismo que genera cierto tedio por la vida no es signo de reflexión o de apertura al pensamiento libre, como trilladamente uno suele escuchar, sino signo de un gran egotismo. Asimismo, una forma de ser tolerante no es el respetar las ideas ajenas y distintas a las nuestras, sino la manera de actuar hipócritamente en público ante la censura mediática de aquellos que tienen alma de inquisidores.



Juan Archi Orihuela
Miércoles, 06 de agosto del 2014.