El contenido del blog comprende una serie de escritos sueltos, opiniones personales y demás notas que forman parte de la escritura como una necesidad humana y subjetiva.

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jueves, 30 de octubre de 2014

Miscelanias 2

I

Actualmente la fuerza de trabajo se consume en función de la prestación de servicios de toda índole. Nunca antes en la historia de la humanidad la fuerza de trabajo se dispuso a una tarea tan estéril que entumece el ánimo del hombre como ser cultural. Sutilmente los servicios castran el talento y la inventiva, y nos arrojan a la precariedad de lo efímero del trabajo. Incluso el trabajo resulta siendo tan enajenante, porque cuando uno trabaja frecuentemente tiende a estresarse por el tedio de la monotonía; y si uno no trabaja, tiende a caer en la depresión por la agresión del mundo de las mercancías. Por eso, todo lo que ofrecemos no son mercancías sino nuestro tiempo de vida que tiende a reducirse como si fuera aquella piel de zapa de Balzac. Esos deseos terrenales, que se generan en función del trabajo, no son tan  libres como muchos baladronean sino que se originan por la reproducción del capital financiero. Figurativamente esos deseos (concebidos como necesidades económicas) le pertenecen al capital financiero porque no solo los estimula, sino porque les da todo el sentido cultural que poseen.

II

Muchas veces se fustiga a quienes se oponen a ciertas pretensiones ideológicas sobre la libertad de toda índole. Al respecto frecuentemente se nos acusa de estar suspendidos en el pasado, así como se nos endilga el epíteto de ser conservadores e incluso se caricaturiza nuestra oposición como si fuera tributaria de cierta mentalidad propia del Medioevo. Pensar que la libertad es la realización del ser humano no corresponde a una mentalidad de nuestro tiempo, por el contrario, evidencia la ignorancia del sujeto que lo enuncia. La mentalidad de nuestro tiempo no puede sustentarse en imperativos ideológicos tan volátiles y tan etéreos que linda con una burda metafísica del individuo. 

Pensar el mundo de acuerdo a nuestra época se sustenta en tres grandes consecuencias de la ciencia que han marcado la historia de la humanidad como ser cultural. El desarrollo de la astronomía como ciencia y su consecuencia, a saber, la conquista del espacio, nos plantea el problema de lo finito y lo infinito de nuestro mundo (Por fin ahora conocemos parte del llamado Cosmos); el descubrimiento y la manipulación de la estructura atómica sustenta y reproduce la estructura material del mundo (Por fin sabemos que hay un micromundo y que la energía no forma parte de ningún fuego divino, ni muchos menos forma parte de lo que muchos llaman lo místico); y, por último, el desarrollo de la investigación genética ha posibilitado intervenir en la estructura de la materia orgánica como nunca en la historia de la humanidad se pudo concebir e imaginar (Por fin se comprende que lo que llamamos vida tiene un sustento material en la herencia genética). Quien desconozca tales avances y alcances culturales, y no los tome en cuenta cuando pretenda algún tipo de reflexión, definitivamente se encuentra fuera de nuestra época. 

III

La capacidad intelectual no sólo se ve limitada ante las urgentes cuestiones materiales sino incluso ante la capacidad de abstracción. Si no fuera por las matemáticas el hombre seguiría aún en las cavernas y sujeto a la inmediatez de sus sentidos. Las matemáticas sustentan nuestra capacidad de abstracción. Cultivar las matemáticas no sólo nos hace más avispados, sino más cultos y humanos. Tal observación se complementa con la importancia cultural que tiene la lógica en el mundo, que no sólo es la piedra angular de las matemáticas sino el  sustento contundente de todo razonamiento correcto. 

Frecuentemente la lógica es desdeñada por los irracionalistas que paradójicamente animan cierto tipo de reflexión intelectual. Incluso los deseos y las nimiedades de la vida cotidiana de los irracionalista son temas de reflexión en función de sus cuitas.  Para demarcar la reflexión intelectual es necesario reconocer en donde uno encuentra su mayor estimulo, la lógica y las matemáticas son un potencial acicate para la reflexión. Es cierto que las condiciones materiales muchas veces desesperan, pero si no fuera por la lógica no sería posible una reflexión seria y humana. Aunque resulte extraño para quienes han sido formados y estimulados por irracionalistas que desdeñan la enseñanza y la importancia de la lógica y las matemáticas, no hay nada más cultural que la lógica y las matemáticas, porque nos permiten cierta libertad intelectual ante la necesidad de nuestra entidad orgánica (cuerpo). 


Juan Archi Orihuela
Lima, 30 de octubre del 2014.